Cómo invertir

Liquidez por capas: cómo tener siempre caja disponible sin sacrificar rendimiento

Tener todo el patrimonio líquido sacrifica rendimiento; tenerlo todo ilíquido deja sin caja ante un imprevisto. La solución es organizar la liquidez en capas: caja inmediata, liquidez de corto plazo y activos ilíquidos, cada una con su función. Así se tiene caja sin dejar todo el capital quieto.

Foto de Francisco HigueraFrancisco Higuera6 min de lectura

La liquidez plantea un dilema aparente. Si tienes todo tu patrimonio disponible al instante, en efectivo o instrumentos ultralíquidos, sacrificas rendimiento, porque esos instrumentos rinden poco. Si lo tienes todo en activos ilíquidos de mayor rendimiento, te quedas sin caja el día que aparece un imprevisto. La solución no es elegir un extremo, sino organizar la liquidez en capas, cada una con su función y su plazo.

La idea es que no todo el patrimonio necesita el mismo grado de liquidez. Una parte debe estar disponible al instante; otra puede estar a corto plazo; y el resto puede comprometerse en activos ilíquidos de mayor rendimiento. Bien organizadas, esas capas dan caja cuando hace falta sin dejar todo el capital quieto perdiendo rendimiento.

Las capas de liquidez

  • Caja inmediata: efectivo e instrumentos ultralíquidos para los gastos del día a día y los imprevistos, disponibles al instante.
  • Liquidez de corto plazo: instrumentos que puedes convertir en efectivo en poco tiempo, para necesidades previsibles de los próximos meses.
  • Capa ilíquida: activos de mayor rendimiento y plazos definidos, como el crédito privado o el real estate, para el capital que puede quedarse quieto.
  • El escalonamiento de vencimientos en la capa ilíquida crea una liquidez parcial recurrente, sin renunciar a la prima de iliquidez.

No todo el patrimonio necesita ser líquido, pero algo sí. Organizar la liquidez en capas da caja cuando hace falta sin condenar todo el capital a rendir poco por estar siempre disponible.

El papel del escalonamiento

Una herramienta clave para manejar la capa ilíquida es escalonar los vencimientos: en lugar de que todas las operaciones venzan a la vez, repartirlas para que cada cierto tiempo se libere una parte del capital. Así, la capa ilíquida genera una liquidez parcial y recurrente, porque siempre hay algo llegando a su vencimiento, sin renunciar al rendimiento de la iliquidez. Es una forma de tener parte de lo mejor de ambos mundos.

El escalonamiento también da flexibilidad para el rebalanceo: cuando se libera capital al vencimiento de una operación, se decide dónde reinvertirlo según lo que el patrimonio necesite en ese momento, sin tener que romper nada antes de tiempo. Es una liquidez planificada, distinta de la liquidez inmediata, pero muy útil.

Cómo dimensionar cada capa

El tamaño de cada capa depende de tu situación: la estabilidad de tus ingresos, tus gastos previsibles, y cuánto de tu patrimonio ya está comprometido. Cuanto más variables tus ingresos, mayor la caja inmediata y la liquidez de corto plazo. Cuanto más estable tu situación, más capital puede ir a la capa ilíquida. El objetivo es no quedar nunca forzado a romper la capa ilíquida por una necesidad que las otras dos deberían cubrir.

En Basalto, las operaciones con plazos definidos y la posibilidad de escalonar vencimientos ayudan a organizar la capa ilíquida de un patrimonio con esta lógica: capital que trabaja a un rendimiento por encima del efectivo, con una liquidez parcial y recurrente a medida que las operaciones vencen. Es una pieza de la liquidez por capas, para el capital que puede quedarse quieto, sin garantizar el rendimiento.

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