Private equity

La democratización del private equity: oportunidad y cautela

Una de las tendencias recientes del private equity es su apertura a inversionistas más allá de las grandes instituciones, mediante vehículos semilíquidos y mínimos más bajos. Es una oportunidad real, pero también exige cautela, porque acceso más fácil no significa menos riesgo ni menos iliquidez de fondo.

Foto de Francisco HigueraFrancisco Higuera7 min de lectura

Durante décadas, el private equity fue casi inaccesible para un inversionista individual: exigía compromisos de capital enormes, plazos larguísimos y contactos que pocos tenían. En los últimos años eso empezó a cambiar. Aparecieron vehículos con mínimos más bajos y con algo de liquidez periódica, los llamados semilíquidos, que abrieron la clase de activo a un público mucho más amplio. Es una de las tendencias más comentadas de los mercados privados, y conviene mirarla con oportunidad y cautela a la vez.

El informe de mercados privados de McKinsey documenta cómo estos vehículos de acceso más amplio han captado cantidades crecientes de capital. Que más inversionistas puedan participar de una clase de activo antes reservada a las grandes instituciones es, en principio, una buena noticia. Pero el acceso más fácil no cambia la naturaleza de fondo del private equity.

Qué abrió la democratización

  • Mínimos de entrada más bajos, que dejan de exigir el capital de una gran institución.
  • Vehículos semilíquidos, que ofrecen ventanas periódicas para retirar, en lugar de amarrar el capital por completo.
  • Estructuras que reúnen a varios inversionistas para acceder a fondos que individualmente serían inalcanzables.
  • Más información y educación sobre una clase de activo antes opaca para el público general.

Que el private equity sea más accesible no lo hace menos riesgoso ni menos ilíquido de fondo. La liquidez de un vehículo semilíquido es limitada y puede suspenderse justo cuando más se necesita. El acceso cambió; la naturaleza del activo, no.

Las cautelas que exige

La liquidez de un vehículo semilíquido es real pero limitada: suele tener topes y ventanas, y en momentos de estrés esas ventanas pueden restringirse, precisamente cuando un inversionista querría salir. Además, el acceso más fácil a veces viene con costos más altos o con capas de comisiones que erosionan el rendimiento. Y la dispersión entre gestores buenos y mediocres sigue siendo grande, así que acceder no garantiza acceder a lo mejor.

Cómo aprovecharla con criterio

La forma sensata de aprovechar la democratización es tratar el private equity como lo que sigue siendo: una clase de activo de horizonte largo, para la capa del patrimonio que puede comprometer capital por años. La liquidez adicional es un beneficio, no una razón para poner ahí dinero que se podría necesitar pronto. Y como siempre, el gestor, los costos y la estructura importan tanto como el acceso.

En Basalto, el private equity se ofrece con esa conciencia del horizonte y de la iliquidez de fondo, con el foco en el gestor, la estructura y el riesgo. Somos un vehículo de inversión privada por invitación, para inversionistas determinados, y lo presentamos como una posibilidad para la capa de crecimiento de un patrimonio, sin garantizar rendimientos ni disfrazar la iliquidez que la clase de activo conserva. La página de inversión en private equity lo explica.

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